Faddei
El primer indicio no fue la oscuridad, fue el silencio, los sistemas se apagaron en cascada: cámaras, sensores perimetrales, cerraduras internas. Todo cayó y la tormenta continuó con más furia que antes.
Los reflejos del cielo iluminaban levemente la estancia, todos corrían en búsqueda de mi esposa.
—Estado —ordené mientras avanzaba por el pasillo.
—Caída total, señor —respondió Vicenzo. —Generadores en arranque, pero, se están tardando.
Eso no era normal.
Giré bruscamente hacia la escal