Faddei
El primer indicio no fue la oscuridad, fue el silencio, los sistemas se apagaron en cascada: cámaras, sensores perimetrales, cerraduras internas. Todo cayó y la tormenta continuó con más furia que antes.
Los reflejos del cielo iluminaban levemente la estancia, todos corrían en búsqueda de mi esposa.
—Estado —ordené mientras avanzaba por el pasillo.
—Caída total, señor —respondió Vicenzo. —Generadores en arranque, pero, se están tardando.
Eso no era normal.
Giré bruscamente hacia la escalera de servicio y bajé dos peldaños a la vez. La casa estaba diseñada para resistir apagones, ataques eléctricos, sabotajes externos.
Si los generadores no respondían de inmediato, alguien los había bloqueado desde dentro.
—Sella accesos —ordené. —Nadie entra, nadie sale.
No esperé confirmación, avancé por los pasillos. Las luces de emergencia se activaron, pero parpadearon una vez antes de apagarse también. Maldije en voz baja.
—Vicenzo —activé el canal privado. —Quiero a cada maldito túnel sie