Mabel
Descubrir que no habían pasado horas, sino quizás unos cuantos días me inquietó de una absurda manera ¿Acaso Faddei no me defendería? Por otra parte, no estaba en la ciudad sino en una zona boscosa cerca de un río, ya que se escuchaba correr el agua.
Aunque el sonido calmaba mi agitada mente, mi corazón seguía latiendo desenfrenado y ansioso.
¡Quiero escapar!
Dante aun no aparece y eso lo agradezco, aunque no estoy ni atada, ni encerrada, no estoy sola, estoy siendo vigilada y custodiada por más hombres de los que podría contar con los dedos de mis manos.
De momento, me encuentro sentada en un sofá con una manta sobre los hombros. El extraño que aún no dice su nombre está frente a mí extendiendo una taza, humeante.
—Bebe despacio —dijo acercándome una taza. —Está hirviendo.
Lo hice, aunque no confiaba en él. El líquido era solo té de hierbas aromáticas que reconocí de inmediato.
—¿Tiene veneno? —Él no sonrió esta vez.
—Me encantaría, eres un problema que está en medio