Mabel
Mis nervios estaban a flor de piel. Era la primera vez que estábamos en público juntos como esposos.
El restaurante estaba lleno de hombres, los ventanales protegidos, y se me formó un nudo espeso en la garganta.
A esto le temía.
Ser una mujer observada por muchos mientras compartía una cena aparentemente normal con su esposo. Me alejé de mi padre para no convertirme en un objetivo y terminé siendo exactamente aquello que quise evitar.
Sentí la mano de Faddei en la parte baja de mi espalda. No me empujó, no me sostuvo: me ancló.
Ese gesto mínimo fue suficiente para recordarme dónde estaba y con quién, caminamos hasta la mesa, dibujé una sonrisa y agradecí a cada empleado con el que me topaba, aunque ellos apenas responden por miedo.
Me obligué a no bajar la mirada, ni a no acelerar el paso. No podía parecer nerviosa, no podía parecer frágil esta noche.
—Respira mariposa. —murmuró Faddei a mi oído de forma coqueta. —No les regales tu miedo.
Le di un beso sutil en los labios. E