Faddei
Le mentí, no me tiene, ni estoy a sus pies.
—No te lastimará, llegará el momento que lo veamos a los ojos, que tu demuestres que ya no estás luchando sola, porque me tienes mariposa, me tienes a tus pies y a tus órdenes.
Su respuesta fue clara, me beso con más pasión de la que imagine, con más entrega de lo que puedo sostener entre mis manos.
¿La quiero? por supuesto que no.
¿Me parece cómoda su compañía? Realmente sí, me gusta dormir abrazándola y por algún motivo mis ganas de matarla han cesado.
¿La sigo necesitando? Sí, continúo necesitando su ayuda sin pedirla.
Permití que Mabel saciara sus ganas y esa necesidad con que lo hace demuestra que es consciente de caer sin red.
Terminamos en la cama y sus manos temblaban al principio, luego no, se acomodó contra mi cuerpo como si ya conociera el espacio exacto que le correspondía, como si ese lugar hubiera sido suyo desde antes de que ambos lo supiéramos.
Dejé que marcará el ritmo, que creyera al menos por unos minutos que