Mabel
No sé en qué momento pasé de coserle la herida a mi jefe a tenerlo en medio de las piernas. Mi respiración se agita, mi piel arde y cada acercamiento se vuelve más real, profundo y satisfactorio.
Quiero separarme y al mismo tiempo proponerle matrimonio.
Me regalo el orgasmo más delicioso y placentero que alguna vez había tenido y solo con la lengua, no puedo imaginar que se sentirá ir más allá.
Sería el esposo perfecto, guapo, ardiente y complaciente.
Desconozco el momento exacto en e