Faddei
Los problemas continuaron todo el fin de semana, Sandro es un hueso duro de roer, fuimos emboscado y aunque los matamos a todos la herida de mi costado me recuerda que aun puedo sangrar.
No digo nada cuando entramos a la villa. El dolor está ahí, constante e insistente, pero lo ignoro. Vicenzo maldice por teléfono al doctor, pero yo cierro los ojos en total calma, he sentido cosas peores.
Al bajar del auto me sujetan, aun así, comienzo a sangrar más, el olor ferroso me asquea, apenas ava