Mabel
Los hombres de mi padre no me miran a los ojos; miran hacia abajo.
—Bienvenida a casa, señorita —dice Riguer, el hombre de confianza de mi padre. —Por aquí. —Abre la puerta de la camioneta central. Suspiro cuando sujeta mi bolso de mano, subo al auto y cierro los ojos.
Siento mi corazón palpitar con fuerza y el nudo de mi estómago se vuelve doloroso, regresar aquí siempre es un desafío, no olvido a mi madre, aunque no la conocí su ausencia marcó mi vida.
Limpio las gotas cristalinas qu