Mabel
Todo mi sentido común está en guerra con las ganas de cumplir mis sueños; por alguna absurda razón mi jefe no me causa miedo y sus labios tomando los míos borro de manera significativa esa imagen de él apuntando a otro hombre.
Han pasado varios días, en los que solo nos hemos visto en la cena, aprobó mi boceto por correo, aunque luego me salió con que respetará mi criterio, que no le pida autorización para ningún diseño.
Jamás me habían dado libertad en ningún proyecto y eso me marcó significativamente. Sus palabras exactas aún resuenan en mi cabeza:
Señorita Vítale, diseñe un espacio digno de un rey que está a punto de recibir a su reina. Hágalo como si este lugar fuera a ser su hogar y como si algún día las risas de sus hijos fueran parte de estos pasillos.
Leí ese correo tres veces; la primera con incredulidad, la segunda con molestia y la tercera abrumada por mi propio cuerpo.
Fui incapaz de responder de inmediato, pero cuando lo hice fui fría y profesional;
Mi trabajo e