Samantha
Ha pasado un mes desde que regresé a la ciudad.
Un mes que se me ha ido volando entre el trabajo y noches en vela hablando con Cristian; de eso no me quejo, ya que me fascina hablar por horas con él.
Ahora estoy frente a la pantalla de mi laptop. Estoy sentada en el escritorio del departamento, con el cabello recogido de cualquier manera y una taza de café bien caliente a un lado. Aunque ya se me fueron las ganas de bebérmelo, algo nada común en mí, ya que me gusta mucho el café.
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