Samantha
—Sam, vamos, despierta. Llegaremos tarde —escucho la voz lejana de mis amigas.
No quiero despertar. No tengo ganas. Me siento cansada, pesada, como si no hubiera dormido en días. Mi cuerpo protesta solo con respirar y mi mente se aferra al último hilo de sueño que me queda.
—Cinco minutos más… —murmuro, enterrando la cara en la almohada.
—Si no despierta, te vamos a echar agua. Tú eliges.
La amenaza me atraviesa como un rayo. Abro los ojos de golpe, incorporándome de inmediato.
—¡Ni s