Guardé la foto con manos temblorosas en el bolsillo de mi pantalón justo antes de que Julián cruzara la puerta.
Él no debía verla. No todavía.
Me acerqué con la mejor sonrisa que pude fabricar, aunque la garganta me ardía de tantas palabras no dichas.
—Llegaste temprano —comenté, fingiendo sorpresa.
—Sí, cancelaron la última reunión. —Dejó su portafolio sobre la mesa y me rodeó con un brazo—. ¿Todo bien?
El contacto de su piel me produjo un escalofrío. Yo veía a mi esposo, al hombre con quien h