No pude dormir. Las imágenes de Julián y Clara frente a esos documentos se repetían una y otra vez. Cada vez que cerraba los ojos, escuchaba su voz en sueños murmurando: “Clara… lo logramos.”
A la mañana siguiente, busqué a Sebastián. Necesitaba respuestas.
Lo encontré en el mismo café donde solíamos reunirnos. Estaba sentado en la mesa más apartada, fumando, con la chaqueta colgada en la silla. Me observó en silencio cuando me acerqué.
—Te ves peor que ayer —dijo, apagando el cigarrillo.
Me se