Días después.
La luz del amanecer se colaba por la ventana de la habitación, pintando de dorado las paredes y los muebles de madera. Lia se apoyó en el marco, observando cómo los preparativos para el festival del eclipse del día siguiente comenzaban afuera.
Banderas ondeaban suavemente con la brisa y luces diminutas se colocaban entre los árboles, prometiendo una noche de magia y misterio. Cada movimiento parecía casi coreografiado, un preludio perfecto para la celebración que marcaría el ciel