Capítulo sesenta y tres.
El agotamiento pesaba sobre Ylva después de un largo día de entrenamiento, así que su cuerpo clamaba por descanso, pero Katrina no le dio opción.
—Ven conmigo, quiero mostrarte algo —le dijo, tomándola de la mano con emoción.
A pesar de su resistencia, no pudo rechazar aquella petición. Siguió a su hermana más allá del Palacio, cruzando senderos que nunca antes había recorrido.
—¿A donde vamos?
—Ya verás, sólo falta un poco —dijo Katrina con una sonrisa de esas que se contagian.
Ambas corrieron