La noche anterior fue de fuego y ternura, donde Ylva y Ethan, sabiendo que el amanecer traería sangre, se permitieron un instante de eternidad.
Sus cuerpos se unieron en un silencio sagrado, donde el deseo no era solo físico, sino más allá de la piel. Una danza entre almas destinadas. El mundo afuera se desvaneció. Solo existían ellos, y el amor que los sostenía antes de la tormenta.
Pero el amanecer llegó. Y con él, el olor a batalla. El aire estaba denso, cargado de magia, miedo y determinaci