El amanecer llegó sin canto de aves.Solo el murmullo de los árboles y el crujir de las armas al ser afiladas rompían el silencio.
En el corazón de Lycandar, el Palacio se había transformado en un cuartel vivo. Guerreros de distintas razas se entrenaban en los patios, los herreros trabajaban sin descanso, y los magos reforzaban los límites del reino con hechizos antiguos.
Ylva caminaba junto a Ethan, ambos vestidos con ropas de entrenamiento, cubiertos de sudor y tierra. Habían pasado horas perf