Capítulo sesenta y dos.
La noche era tranquila, envuelta en una atmósfera cálida y profunda después de un momento de pasión entre dos lobos calenturientos.
Pero Ylva seguía despierta, su mente atrapada en pensamientos que no la dejaban en paz. Quería hablar con Ethan. Quería preguntar. Pero no sabía cómo hacerlo.
Sin embargo, él, que ya la conocía demasiado bien, lo notó al instante. Se giró hacia ella, su mirada suave, su toque cálido mientras acariciaba su brazo con ternura.
—¿Qué te pasa, mi amor? —preguntó con car