El sol apenas comenzaba a despuntar sobre las coloridas calles de Río de Janeiro cuando la aeronave inició su descenso, pintando el cielo con tonos anaranjados y rosados. Desde la ventanilla, Ximena observaba con asombro la gran extensión de la ciudad, donde el mar se abrazaba a la arena y las montañas se alzaban majestuosas al fondo. Junto a ella, Junior, cuyos ojos brillaban de emoción, compartía en silencio la maravilla de ese paisaje. Su pequeño hijo, no podía contener su entusiasmo. Señala