Me levanté y sentí un gemido a mi lado. Decidí asomarme para el costado y casi me da un infarto. Lu estaba acostada desnuda, abierta de piernas y mirando hacia arriba mientras se metía los dedos y con los ojos cerrados gemía. Se la veía muy mojada, por lo que pude observar. Y yo no entendía que ocurría del todo, pues todavía estaba muy dormido. Ella pareció percatarse y me miró con una sonrisa de lado. Metió esos dedos en sus labios y los lamió como una gatita. — Buen día papi — Me dijo acercán