Desperté con un terrible dolor de cabeza y una llorosa Lulú a mi lado. Abrí con dificultad mis ojos. — Gracias a Dios despertaste mi amor —me dijo con un quejido y se tiró a mis brazos. Debo reconocer que me sentía terriblemente confundido en ese momento. Traté de recordar lo último que había pasado y como en una computadora que se reinicia toda la información comenzó a bajar en mi cabeza. Observé a Lulú, mi MUJER no mi hija. Aunque sí era joven, mucho más que yo que le llevaba poco más de 20 a