Capítulo 63

Los días transcurrían en la habitación de la clínica con una calma extraña, como si el mundo entero se hubiera detenido fuera de esas paredes. Ekaterina abría los ojos cada mañana con la misma mezcla de sorpresa y gratitud: seguía viva. Cada día era una pequeña victoria. Al principio, apenas podía hablar, su cuerpo respondía con lentitud, pero cada vez que sus ojos buscaban los de Norman, encontraba en ellos una fuerza inquebrantable. Él no se había movido de su lado. Dormía en la butaca incómoda, le traía flores frescas cuando podía, le leía fragmentos de libros, le hablaba de cosas cotidianas como si el solo hecho de narrar lo que pasaba fuera suficiente para mantenerla aferrada al mundo. Y, de alguna manera, lo era. Norman tenía ese poder sobre ella. La había amado con una paciencia silenciosa y feroz. De un modo en que nunca siquiera soñó. Y Ekaterina no podía evitar mirarlo a veces sin que se le llenaran los ojos de lágrimas. Su recuperación era lenta, pero constante. Un día logr
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