Nathan dejó caer la cabeza sobre su vientre, agotado. Lloraba en silencio, agradeciendo al cielo, a la vida, a cualquier fuerza que le hubiera devuelto a su Olivia. Horas más tarde, cuando la noche envolvía la habitación en penumbra, Nathan se sentó a su lado, sin soltarle la mano. Pensaba en el pequeño aún en la incubadora, a pesar de todo resistía, fuerte. El hijo que casi pierden. Que hizo con la mujer que casi no sobrevivía. La acarició con ternura, como si fuese de cristal. —Te amo, Olivia