Lula se apoyó en el respaldo del sofá, mirando el teléfono en su mano. Habían pasado unos días desde la última vez que había hablado con Ximena, y la culpa la estaba carcomiendo. Sabía que debía llamarla, pero algo dentro de ella la había estado deteniendo. El miedo y la incertidumbre sobre la gente que la buscaba la habían mantenido en silencio, pero ahora que los días pasaban sin novedades, se sentía más confiada. Suspiró, marcó el número de Ximena y esperó. Después de unos tonos, escuchó la