Después de despedirse de Malena, Carlos y Claudia subieron a la camioneta. Juan Pablo los conducía rumbo al pueblo, con la intención de dejarlos cerca de la iglesia para luego continuar el viaje hacia la ciudad.
Don Emilio, antes de marcharse, había tomado a Malena del brazo para hablarle en privado.
—En unos meses, señora, —le dijo con firmeza— los documentos estarán listos. Será cuestión de tiempo que pueda iniciar los trámites de la hacienda y recibir el primer pago.
Malena asintió con