Alessandro Rufino había partido de La Esperanza, pero Diana no se sentía bien. Con la voz temblorosa, le pidió a su padre quedarse un tiempo más, porque quería regresar con Carlos después del asedio.
Mientras tanto, Alondra intentaba descansar en su habitación. Cerraba los ojos, pero el sueño no llegaba. Todo le parecía una pesadilla interminable: cada recuerdo, cada palabra, cada mirada. Con un suspiro profundo se incorporó. Algo dentro de ella le pedía hablar con Carlos, aunque sabía que no d