Capítulo 34
Habían pasado ya cuatro días desde el secuestro de Carlos, Claudia y Lía.
El tiempo en cautiverio se volvía insoportable, como si las horas estuvieran hechas de plomo. Carlos y Lía permanecían juntos desde el primer día, vigilados constantemente por hombres armados, mientras que Claudia había sido llevada a otra casa, la casa del jefe, donde vivía una tensión distinta, casi imposible de descifrar.
La llegada de Luis Méndez solo trajo más incertidumbre. También fue conducido a donde estaban Carlos y Lía.
—Luis Méndez… —dijo Lía con desconcierto—. No entiendo nada, ¿cómo terminaste aquí?
Él la miró con arrogancia, encogiendo apenas los hombros.
—Estoy en esta situación por ayudar —respondió, con un tono entre desafío y desdén.
Carlos, que llevaba todo el tiempo analizando el encierro, soltó un suspiro pesado.
—Lo que no logro entender —dijo— es cómo ya vamos por el cuarto día y el jefe no ha dicho nada. Algo tiene que querer… si la intención fuera matarnos, ya lo habría hech