La mañana siguiente, temprano, una visita inesperada llegó a La Esperanza. Era Tadeo, el joven que Carlos había conocido en el bar de Juana. Traía consigo sus pocas pertenencias, pero lo que más llamaba la atención era su expresión seria, casi enojada.
Lo invitaron a entrar con cortesía. Manuela fue la primera en acercarse y lo abrazó con cariño, como si quisiera apaciguar la tormenta que llevaba dentro. Emiliano, con esa voz firme que ya se había vuelto costumbre, comentó con un dejo de resign