Capítulo Cuarenta uno.

Diego Torres.

La miré y está dolida, pero con la respiración acelerada de al fin podrá estar en familia.

—Serás feliz, Elena Cooper, eres lo único que le queda en el mundo, Roberto nunca dudó en que eres una mujer muy especial, y que permanece dentro de ti, el corazón de tu madre. — le expreso mirándola cabizbaja.

— No lo sé... — no sabía como llamarme.

—Llámame Diego, es mi nombre real. — le digo con confianza.

Elena asiente. — No es fácil, todo es demasiado difícil, muy pronto, empecé sin nad
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