Capítulo Cuarenta Cuatro.
Roberto Ramírez.
Que felicidad la mía, la muy desgraciada creerá que la amaré como el abuelo que sueña en su pendeja cabeza, que solo piensa en el hoy y no en el mañana. Me parece lo correcto que sea de esa manera y que no sospeche de lo que por mí cabeza atraviesa contra ella.
Verónica me sonríe con esos ojos audaces, diciéndome lo muy desesperado que estoy, con que los días pasen y pueda acabar con ella de una sola vez, le sonreí en respuesta a lo que en su mente piensa y no sé equivoca, luch