Capítulo Cuarenta.
Roberto Ramírez.
Respiro, una y otra vez. La vida es buena a veces, pero en otras te saca lo peor de ti.
No merezco estar enrabietando por lo demás, es una punzada en el trasero. Me cabrea de inmediato.
Miro de arriba abajo Ignacio su excusa me parece ante una basura, una niñez.
—Pensé que eras el más listo, él audaz del grupo, pero resultaste ser una rata, al igual que la demás.— le grito mirándolo con ira.
—Patrón, la verdad, fue esa. La teníamos en nuestras manos pero escapó de inmediato. —