Eliza
Me encantaba Londres. Había algo en su aire, en sus calles empedradas, en el ritmo apurado pero elegante de la ciudad, que lograba devolverme la sonrisa. Pero más que nada, me encantaba lo que representaba; un nuevo comienzo.
Nadie me conocía aquí. No tenía pasado, ni etiquetas, ni susurros detrás de mi espalda, podía reinventarme, ser quien quisiera, y por primera vez en mucho tiempo, la chispa creativa y el optimismo que creí apagados empezaban a florecer otra vez.
Cuando llegué, lo adm