Eliza
Londres era hermoso.
Llevaba una semana y cada día encontraba algo nuevo que me maravillaba. Las calles empedradas con historia en cada rincón, el murmullo constante de la ciudad, los parques que respiraban calma entre el caos, los acentos que llenaban el aire como música desconocida. Todo era tan distinto, tan ajeno… y, sin embargo, por alguna razón, me hacía sentir a salvo.
Todavía no salía demasiado, me lo tomaba con calma.
Estaba adaptándome a este nuevo ritmo, a los silencios, a la r