Eliza
La noche había sido tensa y estaba cargada de palabras no dichas.
Por no decir menos.
En esa batalla con sus padres, había dejado clara mi posición. Mi actuación había sido tan convincente que hasta yo misma estuve a punto de creer mis propias palabras. Pero la tensión no terminaba ahí. Claro que no. Porque que sus padres se quedaran con nosotros unos días implicaba algo más. Algo mucho peor.
Significaba que debía compartir la habitación con mi jefe.
Y la cama.
Sobre todo, la cama.
El sol