El sonido del agua golpeando contra el cristal del ventanal llenaba la oficina con un ritmo constante. Afuera, la lluvia de Londres caía con serenidad, y dentro, Harry repasaba en su mente una y otra vez las palabras que estaba por decir. Frente a él, Liam se servía un café, observándolo con la mirada inquisitiva de quien conoce demasiado bien las dudas ajenas.
—¿Así que piensas hacerlo? —preguntó Liam finalmente, dejando la taza sobre la mesa.
Harry levantó la mirada, sonrió nervioso y asintió