El escenario del concurso estaba iluminado con luces blancas que reflejaban el brillo metálico de las cocinas portátiles. El murmullo del público se mezclaba con el sonido de cubiertos, ollas y el zumbido constante de cámaras que registraban cada detalle.
Violeta y René tomaron su lugar en la estación número seis, la misma de la ronda anterior, con los delantales recién lavados y la determinación pintada en el rostro.
Ella respiró hondo, observando el reloj que marcaba el inicio. Tres horas. Tr