La emoción cruda de la confesión grabada había dado paso a una determinación fría y calculadora. Elara y Kael se encontraban ahora inclinados sobre la consola, el audio de Lysandra pausado, la voz del padre silenciada, mientras el peso de la verdad se asentaba en el laboratorio. Kael, recuperado de su colapso emocional, sentía que su dolor físico se había atenuado, reemplazado por una claridad de propósito que no había experimentado desde su infancia.
"La prueba es irrefutable, Elara, y con los