La noche se había instalado sobre la ciudad como un manto de sombra y silencio, cubriendo cada calle con una calma engañosa. Valentina y Alexander salieron de la biblioteca, el aire frío les cortaba la piel, pero ninguno de los dos lo sintió de inmediato. Sus pensamientos estaban atrapados en el zumbido del reloj que corría dentro de ella, un recordatorio constante de que el tiempo se agotaba.
—Tenemos que movernos rápido —dijo Alexander, sin mirar atrás, la mano firmemente sujeta a la de Val