La ciudad estaba silenciosa, pero la calma era solo una ilusión. Valentina y Alexander avanzaban por calles desiertas, con los documentos del Proyecto Seraphim bien guardados y el corazón latiéndoles con fuerza. Cada sombra podía ocultar un peligro, cada esquina era un posible acecho de Helix. La luz amarillenta de las farolas parpadeaba, proyectando sombras irregulares que parecían moverse con vida propia, como si la ciudad misma vigilara cada paso que daban.
—No podemos confiarnos —susurró