GEMA
—Buenos días —me dice con un tono amable que no suele usar—. Winston no pudo venir.
—Claro… —respondo cortante—. No tienes que explicar. Es tu empresa. Es normal que quieras ver cómo anda todo.
Se pone ambas manos en los bolsillos. Me sigue.
—En realidad, quería comentarte que ya quienes están detrás de tu tragedia familiar han recibido su merecido. Podrás irte a tu país cuando quieras.
No digo nada. No me genera nada. No es tan fácil. Además, mis padres están felices, quieren quedarse.
—C