KYRION
—Siéntate —le señalo el sillón mojado.
—No, y quiero el repuesto del sillón mañana. Que sea cómodo para mi estado, y rojo.
—¿A dónde rayos vas, Gema Díaz? —aprieto con impaciencia los dientes—. Trae tu maldito sexy y embarazado trasero aquí.
—Cierra la puerta al salir, nos vemos en la oficina —se detiene y asumo que va a hacerme caso, pero me recorre con la mirada—. En caso tal de que tu arrogante y chiquito trasero decida quedarse en mi casa, prepara el desayuno. Nos levantamos con hamb