Mundo ficciónIniciar sesiónLa puerta se cerró con un clic suave, pero el eco de la presencia de Esteban seguía impregnado en el aire como una fragancia demasiado fuerte para ignorar.
Kathie permaneció en pie, la espalda erguida, los brazos cruzados sobre el pecho. Noah, a pocos pasos de ella, tenía la mandíbula tensa y los ojos fijos en la puerta que acababa de cerrarse.
—¿Él suele venir así







