Cada semana, mi pancita crecía, pequeña, pero definitivamente visible. Genial. Me veía hinchada todos los días, como si hubiera tragado un plato entero de carbonara y decidiera quedarse para siempre.
Habían pasado días desde que Amore me contactó por última vez, gracias a Dios, pero algo más estaba pasando últimamente.
Lorenzo.
Me observaba en silencio.
No hablaba. No confrontaba. No amenazaba.
Solo… miraba.
¿Y lo más molesto?
Yo también lo estaba observando.
Cada vez que entraba a una habitaci