Caminé por la oficina como si fuera dueña del lugar, aunque por dentro estaba rezando para no tropezarme con mis propios tacones. Atuendo corporativo impecable, cabello perfectamente rizado, labial rojo afilado como un cuchillo y la confianza al máximo nivel.
Los empleados miraban. Mucho. Susurraban también. Tal vez estaban impresionados, tal vez juzgando. Honestamente, no me importaba.
Mantuve la cabeza en alto. Paso tras paso, el tac-tac de mis tacones resonaba como una advertencia.
Después d