Esa noche, el pequeño estacionamiento del hospital estaba tenuemente iluminado, con sirenas resonando a lo lejos como una advertencia interminable.
La entrada de emergencias era un caos: camillas entrando a toda prisa, enfermeras gritando órdenes y familias llorando. Otro accidente. Otra pelea. Otra vida pendiendo de un hilo.
Lorenzo y Seth estaban sentados en la compuerta trasera abierta de la camioneta de Seth, con los pies colgando. Seth encendió un encendedor y le ofreció un cigarrillo.
Lor