Antonio reaccionó de inmediato. Con un movimiento rápido, se interpuso entre Sofía y cualquier peligro, cubriéndola con su cuerpo. Los hombres que habían irrumpido huyeron del salón como sombras, dejando tras de sí un silencio cortante.
Antonio frunció el ceño, y por la rigidez de su mandíbula quedó claro que tenía una idea de quiénes podían estar detrás de aquello.
La música se apagó. Las conversaciones cesaron. El gran salón quedó envuelto en una tensión insoportable. Algunos invitados se cub