Cuando Sofía despertó, se encontró completamente sola en aquella sala vacía.
De inmediato se levantó, sintiéndose mareada. Se colocó los tacones y salió. Justo cuando estaba a punto de cruzar la puerta, la enfermera apareció en la sala y se le acercó.
—Señorita, ¿ya se siente mejor? —preguntó.
Sofía asintió de inmediato y preguntó:
—¿Sabe dónde está la sala en la que se encuentra Anna?
La enfermera asintió y le indicó hacia dónde debía dirigirse. Sofía hizo caso, tomó las escaleras y se dirigió