Sofía lo miró como si quisiera atravesarlo con los ojos. El odio la consumía desde dentro, un veneno lento que ardía en su pecho y le nublaba los sentidos. Era inconcebible que alguien pudiera ser tan repugnante, tan capaz de destruir con palabras y gestos la dignidad de otro ser humano.
—Lo haré —murmuró con la voz rota, pero cargada de furia contenida—. Haré lo que me pides. Pero escucha bien, Brian… cada día te arrancas un poco más de mí, cada día me obligas a odiarte más. Ojalá algún día no