Madrid, España – El Festín de los Pecados
La puerta de la suite presidencial se abrió para dejar pasar a dos mujeres de belleza gélida, contratadas para satisfacer el hambre de excesos de la pareja. El aire estaba saturado de polvo blanco y el vapor del champagne. Lucía, con los ojos desorbitados, no perdió el tiempo.
—Acérquense... hoy no hay reglas —ordenó Lucía, tomando a una de las mujeres por el cabello y obligándola a recostarse en la cama circular.
Lucía se perdió entre las piernas de la