Cárcel de Nueva York:
El amanecer apenas iluminaba las rejas oxidadas cuando Zelda regresó. Su porte elegante contrastaba con la crudeza del lugar. Gabriel, agotado por la noche de insomnio, levantó la mirada y la vio entrar con paso firme.
Zelda, con voz suave pero cargada de veneno, se inclinó hacia él:
- „Gabriel, ich bin zurück… du bist nicht allein. Ich werde dir zeigen, dass ich die Einzige bin.“
- (Gabriel, he vuelto… no estás solo. Te demostraré que soy la única.)
Gabriel intentó resist