Capitulo 43

Cárcel de Nueva York:

El amanecer apenas iluminaba las rejas oxidadas cuando Zelda regresó. Su porte elegante contrastaba con la crudeza del lugar. Gabriel, agotado por la noche de insomnio, levantó la mirada y la vio entrar con paso firme.

Zelda, con voz suave pero cargada de veneno, se inclinó hacia él:

- „Gabriel, ich bin zurück… du bist nicht allein. Ich werde dir zeigen, dass ich die Einzige bin.“

- (Gabriel, he vuelto… no estás solo. Te demostraré que soy la única.)

Gabriel intentó resistirse, pero el dolor por la muerte de su hijo lo debilitaba. Zelda aprovechó esa grieta en su corazón, acercándose con palabras que parecían bálsamo:

—María huyó, te abandonó. Yo estoy aquí, contigo.

Por primera vez, Gabriel no respondió con furia. Su silencio era un terreno fértil para Zelda, que sonrió con triunfo.

Moscú:

La nieve cubría las calles como un manto de guerra. María descendió del avión con el rostro marcado por el dolor, pero también por la esperanza. Vladimir la acompañaba, impone
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