La noche se cernía sobre la ciudad como un velo de misterio. En la mansión Soto, Gabriel intentaba recuperar la calma después del supuesto funeral de Lucía. María, agotada, se refugiaba en el silencio, mientras Dairon dormía inquieto, murmurando entre sueños el nombre de su madre. Todo parecía apaciguarse… pero en las sombras, el verdadero infierno apenas comenzaba.
Lucía, viva y oculta, se reunía en un apartamento secreto con su hija Mónica Álvarez y el abogado Iván Manasterio. La luz tenue de una lámpara iluminaba sus rostros, creando un ambiente de conspiración.
—Madre —dijo Mónica con voz firme—, todos creen que estás muerta. Es el momento perfecto para atacar. Gabriel está vulnerable, y María… más débil que nunca.
Lucía sonrió con malicia, sus ojos reflejaban odio y ambición.
—Exacto. Debemos destruir ese romance estúpido entre María y Gabriel. Ese amor es su fuerza, su escudo. Si lo quebramos, se derrumbarán como un castillo de arena.
Iván abrió un portafolio y colocó sobre la m